De vuelta al Brasil colonial

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La Corona ahora no está más representada por Portugal. Ella está formada por las corporaciones transnacionales, los bancos y el rentismo.


Por João Sicsú

Publicado por Carta Capital 7-8-2017

 

El Brasil encontrará su pasado en el futuro. El Brasil será lo que fue: una colonia. En el siglo XXI, la colonización asumió nuevas formas. Ya no es más un país que domina a otro por la fuerza militar.

La Corona de los días de hoy son las mega-corporaciones transnacionales, los grandes bancos y el rentismo. Esa nueva Corona es más fuerte y mayor que los Estados nacionales. Hoy en día, es el poder económico organizado que domina a los países y el gobierno del país dominado se entrega completamente y a  veces, agradece arrodillado.

Para fuera, el gobierno olvida su independencia. Una supuesta orientación de soberanía nacional desaparece de las posibilidades. Para dentro, solamente toma decisiones para favorecer a la nueva Corona en conflicto directo con los intereses de sus poblaciones, tal como era en el período colonial del pasado.

Más que el gobierno, el Estado se torna autoritario y violento. Todas las instituciones que otrora debían constituir una república democrática se vuelven contra los trabajadores. La Justicia, el gobierno, el Congreso, las policías y los grandes medios de comunicación están todos al servicio de la nueva Corona y contra los trabajadores. Los puestos de comando en esas instituciones son ocupados mayoritariamente por integrantes de las familias tradicionales y conservadoras de la elite local. Esa elite favorece tanto a la nueva Corona como a sus propios intereses de poder y patrimoniales.

La elite colonizada se manifiesta sin prudencia: roba, forma bandas o grupo de malhechores, paga y recibe coimas, no atiende las necesidades básicas de la población, saquea el presupuesto público y elimina derechos sociales. El Estado democrático, prestador de servicios y garante del bienestar social desaparece. El Estado vuelve a ser autoritario, violento y pierde la función de ofrecer servicios a la población, tal como era entre los siglos XVI y XIX.

La economía de la colonia del siglo XXI, tal como no en el pasado, se vuelca casi exclusivamente hacia el exterior. Por decisión de la nueva Corona y con el entusiasmo de la elite local, el país se especializa en la exportación de productos básicos. En el caso del Brasil, exporta petróleo bruto, madera, grano de maíz, azúcar bruto, carnes bovina y porcina, soja y mineral de hierro.

Hay un nuevo producto económico para ser explotado y, por lo tanto, para generar más ganancias para los ricos locales y su nueva Corona: el presupuesto público. El presupuesto debe ser aumentado por medio de un sistema tributario regresivo que preserva a la elite y a la nueva Corona y sacrifica a la población. Así fue el Brasil en el pasado y es el Brasil del presente. En el siglo XVIII hubo una rebelión contra el pago excesivo de impuestos. Su líder fue condenado al patíbulo y descuartizado.

La propuesta de administración presupuestaria, consecuencia de la enmienda constitucional que estableció un límite para los gastos primarios del gobierno por 20 años, debilitará a todos los servicios públicos (educación, salud, jubilaciones etc.) y transferirá recursos en forma de pago de intereses a la especulación. Los rentistas son principalmente las propias mega-corporaciones transnacionales y los bancos. En el siglo XVII, una de las motivaciones de la Insurrección Pernambucana que expulsó a los holandeses del Brasil, fue el cobro de intereses extorsivos. Los colonos portugueses eran masacrados por la usura practicada por los holandeses.

La reciente reforma laboral y la ley de tercerización, abaratará el costo de la mano de obra: la remuneración laboral será baja, variable y volátil y los derechos laborales desaparecerán. Restará el trabajo de baja calificación, agobiante y mal remunerado. Las vacaciones solamente existirán por cuenta propia, tal como un desempleo voluntario temporario. El aguinaldo será considerado un privilegio.

El esclavo del pasado estaba preso y era castigado físicamente cuando no producía. A partir de ahora el trabajador en el Brasil vivirá una casi-esclavitud. El trabajador estará libre para sentirse un competidor (un emprendedor), siempre compitiendo con millones de otros trabajadores que también se sienten emprendedores de sí mismo. Cada uno deseando la sub-posición laboral del otro. Sus armas de competencia serán más productividad (o sea, más esfuerzo físico) y menos remuneración (o sea, menos calidad de vida). Su castigo será su subutilización, por ejemplo, por medio del trabajo intermitente o el desempleo.

El mercado interno de consumo declinará por falta de capacidad de compra debido a los bajos salarios, al subempleo, al desempleo y al desaliento. Los productos manufacturados serán casi todos importados. Las industrias tenderán a desaparecer. Cuando el Brasil era colonia portuguesa, Dona María I, la loca, prohibió  la actividad industrial en el Brasil para que no faltase mano de obra para la producción de azúcar y la extracción de oro. Sólo era permitida la fabricación de bolsas para embalaje y la confección de ropas para los esclavos. Era permitida la industria que apoyaba a la exportación, tal como será en el siglo XXI.

En los tiempos actuales, la mano de obra se concentrará en la producción de mercaderías básicas exportables y en la generación de servicios. Gran parte de los servicios no pueden ser importados. Con todo, los sectores altamente lucrativos de servicios serán comprados por la nueva Corona. El consumo de las familias estará deprimido y la inversión doméstica quedará estancada. Cuando la economía crezca, crecerá para fuera, debido al aumento de las exportaciones. Actualmente, aún tenemos la “plantation” de los tiempos pasados de la colonia: grandes extensiones de tierra, mano de obra casi esclavizada y monocultivo orientado para el mercado externo.

En el período en que la Corona era Portugal, la concentración de la riqueza se daba por la cantidad de tierras distribuidas, desde que fueron establecidas las capitanías hereditarias en el siglo XVI. La tierra continúa representando un valioso activo. Pero hoy la riqueza también se expresa por la cantidad de activos financieros que rinden intereses a sus tenedores.

Ese es el Brasil que tenemos por delante. Lo mejor que podría acontecer es que esa historia futura pudiese ser malograda. Pero para eso será preciso que los trabajadores estén conscientes y movilizados. Principalmente, deben entender que solamente las disputas electorales no serán suficientes. Será necesario promover una verdadera y profunda independencia de la nueva Corona y de la elite local.

Traducción: AmerSur

 

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