Larga duración e incertidumbre

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En este articulo, el profesor de la Universidad Federal de Rio de Janeiro asocia  las transformaciones internas del Brasil a momentos en que se produjeron importantes cambios en el sistema mundial.


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 Publicado en Carta Maior el 28/06/2015

 

Fue en situaciones de alta polarización e incertidumbre social que surgieron fuerzas políticas obscurantistas y fundamentalistas, siempre con apoyo de la elite financiera

La lectura atenta de la historia brasileña permite ver que sus grandes inflexiones estructurales fueron provocadas por decisiones tomadas en momentos de grandes crisis y desafío nacional e internacional. Como aconteció en el caso de la “independencia” brasileña, por ejemplo, que fue una decisión “reactiva” y poco planificada, frente a un contexto de profunda transformación geopolítica y económica del Viejo Continente, que culmina con la Paz de Versalles y la supremacía naval, financiera e industrial de Inglaterra, dentro y fuera da Europa. Y lo mismo también aconteció en el caso de la “abolición de la esclavitud’ y la “proclamación de la Republica”, dos decisiones brasileñas inseparables de la coyuntura internacional, que comienza – en América del Sur – con la derrota política del Brasil, en la Guerra del Paraguay, donde perdió la hegemonía del Plata, y comenzó la desintegración del Estado imperial y de sus propias fuerzas armadas; y fuera de América del Sur, donde entra en curso una ampliación y reconfiguración del núcleo de las grandes potencias, con la ascensión económica y política de los EUA, Alemania, Japón y Rusia. Sólo que en esta coyuntura, al contrario de lo que pasó en la independencia, existió un proyecto y una estrategia nacional que fue victoriosa y que impuso al país la República, junto con la hegemonía del “cosmopolitismo agrario” de las elites paulista y minera. De la misma manera, ya en el siglo XX,  la “Revolución del 30” fue también una respuesta al desafío provocado por la “era de la catástrofe”, de las grandes guerras, revoluciones y crisis económica. Pero al mismo tiempo, la Revolución del 30 y la propia instauración del “Estado Novo” fueron momentos decisivos de un proyecto nacional que fue concebido en la década del 20, por una parte de la elite civil y militar brasileña – que consiguió mantener su hegemonía hasta la década del 80 – que se propuso reconstruir y fortalecer el Estado brasileño, y sus fuerzas armadas, incentivando y promoviendo activamente la industrialización y el crecimiento económico nacional, como forma de alcanzar y superar a la Argentina, en la lucha por la hegemonía del Plata, y por el liderazgo de América del Sur.

Cincuenta años después, la “redemocratización” de la década del 80, marcó una nueva inflexión histórica indisociable de la mudanza geopolítica y económica mundial,  que comenzó con la crisis y redefinición de la estrategia internacional de los EUA, que pasó por la reafirmación del Dólar, por la desregulación de las finanzas internacionales, y por la escalada armamentista que llevó a la desintegración de la URSS, al fin de la Guerra Fría, y la instauración de la “uni-polaridad imperial” de los EUA, que duró hasta el 11 de septiembre de 2001.  Asimismo, después de tres décadas aproximadamente, el Brasil sigue sin conseguir definir y consolidar una estrategia nacional e internacional hegemónica. Por el contrario, aun hoy se puede decir que este es el verdadero “núcleo duro” de la disputa cada vez más violenta, entre las dos vertientes políticas – el PT (partido trabalhista) y el PSDB (partido de la social democracia brasileña) – de un mismo proyecto bifronte que nació en los años 1980-1990. Su base social era diferente, pero su matriz teórico-ideológica originaria fue más o menos la misma: paulista y democrática, pero al mismo tiempo, anti-estatista, anti-nacionalista, anti-populista, y en última instancia, también, anti-desarrollista. Este proyecto bifronte, entretanto, se dividió de forma cada vez más nítida y antagónica, a partir de los años 90, cuando el PSDB lideró una política gubernamental de apoyo, ajuste e integración del Brasil a la nueva estrategia económica internacional de los EUA, de desregulación y globalización monetario-financiera, y de apoyo al proyecto del ALCA. De la misma forma que en la década siguiente, el PT lideró un gobierno de coalición que se fue inclinando cada vez más en la dirección de un proyecto de Estado y de “capitalismo organizado” y de “bienestar social”, al lado de una política externa cada vez más autónoma y orientada hacia las “potencias emergentes”, aunque nunca haya conseguido alterar las reglas e instituciones monetario-financieras creadas por los gobiernos del PSDB. Lo que pasó en esta última década y media fue que las mudanzas de rumbo y los propios despliegues innovadores de la estrategia petista fueron provocando deserciones y creando vetos cada vez más radicales, de fuerzas nacionales e internacionales, de dentro y de fuera de la propia coalición gubernamental. Y como consecuencia previsible, la coalición gubernamental petista fue perdiendo la unidad y la fuerza que serían necesarias para tomar las decisiones capaces de enfrentar la crisis económica actual sin abandonar la estrategia económica que fue siendo construida, a partir del segundo gobierno Lula. Este panorama de fragmentación y polarización nacional interna, entretanto, se agrava aún más cuando es colocado en la perspectiva de un conflicto internacional cada vez más abierto y violento, entre los EUA y Rusia, y de una competición política y militar cada vez más explícita, entre los EUA y China, siendo Rusia y China los dos principales aliados de Brasil, en el proyecto BRICS.

Asimismo, lo que más asusta y preocupa en este momento es que el recetario tradicional del PSDB parece ahora cada vez más simplista y esclerosado; en cuanto el PT parece cada vez más apopléjico y paralizado; y el gobierno, cada vez más dividido y fragilizado. Es obvio que el Brasil saldrá de esta situación y seguirá en movimiento, como ya lo hizo en el pasado, pero no está claro cuál será la estrategia y el camino vencedor.

Mientras tanto, es preciso prestar atención, porque fue en estas situaciones de alta polarización e incertidumbre social que surgieron y ocuparon el poder en otras sociedades occidentales, fuerzas sociales y políticas fundamentalistas, obscurantistas y retrógradas, que siempre contaron con el apoyo oportunista de amplios sectores de la elite financiera e iluminista, nacional e internacional. Los mismos sectores que después derraman “lágrimas de cocodrilo” en la puerta de los campos de concentración donde se intentó purificar y corregir el mundo a través de la exclusión  o de la muerte de los impuros y de los herejes.

Traducción al español: AmerSur

    Integración regional