El Brasil entre dos caminos

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La izquierda keynesiana y la ultraderecha variante del nazismo surgen como alternativas al neoliberalismo, que no ataca al desempleo


Por João Sicsú 

Publicado en Carta Capital  9-5-2017

Está en curso una crisis económica mundial que tuvo inicio en 2007-2008 en los Estados Unidos. Quedó más nítida cuando llegó de forma intensa a Europa en 2011-2012. Hoy, vivimos su prolongación. Aunque estamos dentro de la crisis iniciada con la quiebra de Lheman Brothers (y de los títulos norteamericanos subprime) que se expandió para la vida real, social y política mundial y que aún no fue superada.

Desde el fondo del pozo de la crisis, hubo una mudanza en el patrón mundial de tasas de crecimiento. Según datos del Banco Mundial, el mundo crecía en promedio entre 4 y 5% al año en el período 2004 y 2008. En 2009, se encogió un 2%. Hoy, crece entre 2 y 3% al año.

La crisis actual guarda fuertes semejanzas con la crisis de 1929. La actual crisis, también tuvo inicio en la mayor economía del mundo y se extendió por varios años. Hubo y  hay suspiros de aparente superación. Mantiene  a las economías en estado de fragilidad y transformó al desempleo en algunas economías en un problema agudo y epidémico. Generó expectativas volátiles y extremadas y provocó descrédito en las propuestas políticas y económicas de continuidad. También debilitó a gobiernos y a estructuras del Estado.

En el siglo pasado, los Estados Unidos reaccionaron frente a la crisis de 1929, bajo el liderazgo de F.D. Roosevelt, lanzando el conocido New Deal, que era un osado programa de gastos públicos. Fue relativamente exitoso – no hubo una recuperación línea -, se plantearon sobresaltos a lo largo de los años 1930. Fue abandonada la uniformidad  del  laissez-faire y Roosevelt tomó la iniciativa política con un programa que buscaba reducir el desempleo. La innovación  norteamericana fue el keynesianismo.

Durante los años 1930, Alemania quedó paralizada porque estaba contaminada por las ideas del liberalismo económico. Dejó el camino abierto para que A. Hitler ganase la hegemonía política y cultural, transformase al Estado, encontrara culpables internos y externos e hiciera la guerra. Alemania se volvió nacional-ariana, antiliberal en lo económico y defensora de sus desposeídos y desempleados. Persiguió a demócratas, comunistas, homosexuales, gitanos, negros y judíos. La innovación alemana fue el nazismo.

De la parálisis política alemana y del creciente desempleo surgió el nazismo. De la iniciativa política norteamericana y del aumento del desempleo surgió el keynesianismo. Ambos movimientos fueron exitosos en la búsqueda de la elevación del empleo, aunque solamente con la Segunda Gran Guerra las principales economías se estimularán y podrán superar definitivamente la crisis iniciada en 1929. Quedaron las lecciones.

El Brasil en 2009 tomó iniciativas para escapar de la crisis internacional. Fue exitoso. Adoptó políticas de gastos públicos y de ampliación de la red de protección social – dentro del espíritu keynesiano. Por ejemplo, hizo crecer de forma acelerada las inversiones públicas y las de las empresas estatales y lanzó el programa “Minha Casa Minha Vida”.

A partir de 2011, el país decidió volver a navegar en las olas de la crisis mundial. Por ejemplo, redujo drásticamente la tasa de crecimiento de las inversiones públicas y de las Estatales. Además, dejó de ampliar la red de protección social cediendo ingresos presupuestarios a través de exoneraciones a los empresarios. El desempleo subió drásticamente. La economía se estancó y después entró en recesión.

Ante esa grave situación, banqueros, rentistas y el capital internacional, asociados a varios otros segmentos políticos y económicos decidieron tomar la iniciativa política. Dieron un golpe a la democracia. Apartaron a través de un fraude a la presidente electa Dilma que obtuvo 54 millones de votos en las urnas.

Ahora, están aplicando un programa para ser recompensados por las pérdidas de la crisis mundial que está en curso: desnacionalización de la economía, privatizaciones en sectores estratégicos, comercialización internacional de recursos naturales y entrega del presupuesto público a los intereses rentistas.

Tal programa deja afuera a la casi totalidad de la población brasileña, cada vez más desposeída y sin esperanza. No resuelve el problema del desempleo y está deshaciendo la precaria red de protección social existente. Tanto el nazismo alemán cuanto el keynesianismo norteamericano tuvieron otros propósitos: intentaron incluir en sus propuestas de solución a la mayoría de la población. La nave insignia fue el combate al desempleo.

En Brasil, la mancha de desesperanza social se extiende. El campo está abierto. El desempleo aumenta rápidamente por tercer año consecutivo. Gran parte de la clase media y de los emprendedores micros, pequeños y medios percibieron que están fuera del programa que está siendo aplicado por el gobierno de Michel Temer. La degradación social y económica provoca el descrédito de los jueces, de los medios de comunicación, de los policías, de los partidos y de los políticos. Los escándalos mediáticos de corrupción funcionan como aceleradores del descrédito y del desánimo.

El campo está cada vez más propicio para alternativas que guardan semejanza con el nazismo. Ya existen alternativas políticas, enraizadas en la sociedad, que son racistas, homofóbicas, xenofóbicas, intolerantes, violentas y defensoras de las costumbres conservadoras y están creciendo. A ellas les falta un programa económico que tenga una narrativa de combate al desempleo.

Pero existen el desempleo y la degradación social. Por ello también existe espacio para las alternativas relacionadas al keynesianismo. Ellas ya existen dentro de la sociedad. Defienden genéricamente la justicia social y el empleo para todos. A éstas les falta elaborar una estrategia más completa de país, conseguir superar el cerco mediático y aumentar su comunicación con los trabajadores y desposeídos.

Son esas dos alternativas las que más pueden crecer en las condiciones actuales de crisis mundial y brasileña de recesión y desempleo. Desde el punto de vista económico estamos entre variantes del nazismo y del keynesianismo. Desde el punto de vista político e ideológico, estamos entre proyectos nítidos de la ultraderecha y de la izquierda. La derecha neoliberal no tiene potencial porque reproduce uniformemente las reformas estructurales y las privatizaciones, sin atacar el problema del desempleo.

Ambas, la izquierda de sesgo keynesiano y la ultraderecha variante do nazismo, son más que proyectos electorales, son alternativas que tienen un vasto potencial organizador de la sociedad.

 

Traducido por AmerSur

 

 

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