No discutir impuestos sobre la riqueza es una locura

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El economista francés Thomas Piketty defiende el aumento de los tributos sobre herencias y fortunas y afirma que la porción de riqueza de los 10% más ricos está siendo subestimada.


 

 

Entrevista a Thomas Piketty por Miguel Martins

 

Publicado en Carta Capital 30-11-2014

 

Relacionado, conectado con la realidad política y económica brasileña, Piketty defiende el aumento de los impuestos sobre las herencias en el país, hasta 10 veces inferiores a los de Alemania y los Estados Unidos, y critica el gran volumen de tributos indirectos, la alta tasa de interés y la falta de transparencia en los datos de la Receita Federal (equivalente a la AFIP de la Argentina) para grandes fortunas. Sobre programas como la Bolsa-Familia, Piketty defiende su importancia en la reducción de la pobreza, pero considera más relevante a la política de valorización del salario mínimo. La dificultad en debatir el aumento de los impuestos sobre la riqueza y patrimonio en Brasil lo sorprende. “No discutirlos en Brasil es una locura. Todos los países tienen impuestos sobre la herencia muy superiores al brasileño. Usted no precisa ser de izquierda para defender esa medida. ¿Acaso Angela Merkel o David Cameron son de izquierda?”

Carta CapitalProfesor, uno de los aspectos más interesantes de su libro es el diálogo presentado entre la economía y otras humanidades, en especial la historia. Hay una fuerte base de la historia social de Fernand Braudel y Georges Duby en su trabajo. Se trata de un abordaje actualmente raro. Por qué es tan difícil encontrar estudios económicos interdisciplinarios en el contexto actual?

Thomas Piketty: Estoy muy feliz que usted diga eso, pues me gustaría que mi trabajo se situase en la tradición de Braudel y otros historiadores franceses. En 1995, dejé el MIT, en los Estados Unidos, para retornar a Francia, y fui para la Ecóle de Hautes Etudes en Ciencias Sociales, donde Braudel era el presidente, había grandes historiadores, sociólogos como Pierre Bourdieu. Pero también fui influenciado por economistas anglo-sajones como Simon Kuznets, que fue uno de los pioneros en la recolección de datos sobre la distribución. Intento combinar esas dos tradiciones. Las fronteras entre economía, historia y sociología son tenues. La división es menos clara de lo que los economistas imaginan. Me veo más como un cientista social.

CC: Su libro muestra como las dos guerras mundiales y sus consecuencias económicas involucraron una fuerte distribución del ingreso. Todavía, en momentos de mayor armonía comercial y económica entre las potencias, como ocurrió en la Belle Époque de fin del Siglo XIX y está ocurriendo actualmente, la riqueza acumulada puede superar y mucho a la renta nacional. ¿Karl Marx no estaba seguro sobre la acumulación infinita de capital al menos en momentos de paz?

TP: Creo que él estaba un poco cierto, pero también errado en algunos puntos. En el tiempo en que escribió, había una gran acumulación de capital y toda nuestra base de datos indica un largo estancamiento de los salarios en el Reino Unido y en Francia, entre 1800 y 1870, incluso con la revolución industrial. Por eso, fue una observación tan fuerte. Pero veo errores en algunos puntos. Su primera limitación es lo que ocurriría después de la abolición de la propiedad privada. Los países que lo hicieron no fueron capaces de organizar la sociedad y el Estado, fue un gran desastre. Es fácil percibir el tamaño de la acumulación de capital excesiva, pero es difícil pensar en las buenas y democráticas soluciones para limitar el poder del capital, entre ellas el establecimiento de impuestos progresivos…

La limitación a la concentración de la riqueza es una salida para hacer de la propiedad privada algo temporario. Es como decir “usted es el dueño, pero no para siempre. Los impuestos van sacar parte de su propiedad a lo largo del camino. Si usted invierte y trabaja, podrá mantener esa propiedad, pero si mantiene su capital parado, vamos a distribuirlo”.

Brasil podría tener un sistema impositivo más progresivo. El sistema es bastante regresivo, con altas tasas sobre el consumo para amplios sectores de la sociedad, en tanto los impuestos directos son relativamente pequeños. Las tasas o alícuotas para las mayores rentas es de poco más de 30%, es tímido para los patrones internacionales. Los países capitalistas desarrollados tasan las principales rentas en 50% o más. Los impuestos en Brasil sobre la herencia y transmisión de capital son extremadamente reducidos, apenas 4%. En los Estados Unidos es  40%, en Alemania es 40%.

Brasil precisa de un sistema más progresivo de impuestos. Debería haber una reducción de impuestos indirectos.

El problema en Francia y en Europa es que sólo ahora estamos mudando para una transmisión automática de información entre los países sobre activos financieros transnacionales. Hasta ahora, si usted tenía una cuenta bancaria en Suiza, el ente recaudador de impuestos de Francia no poseía la información. Es muy difícil controlar la cobranza de impuestos en un continente con tamaña integración económica y flujos libres de capital. Es necesaria más cooperación, y siento que vamos a seguir en esta dirección.

CC: Usted también comentó sobre sus dificultades en acceder a los datos anuales consolidados de la Receita Federal (AFIP) en Brasil, principal fuente de su pesquisa en 20 países. ¿Cuáles son los mayores obstáculos?

TP: Cuando hay apenas un sistema de pesquisas domiciliarias para medir la distribución de la renta, usted tiende a subestimar a la desigualdad. Los 10% más ricos en particular no son bien registrados en las pesquisas realizadas en hogares. En la mayor parte de los países, cuando hay impuesto a la renta, los gobiernos publican balances anuales detallados. En Brasil, el gobierno no está publicando estas informaciones de forma transparente. Fuimos capaces de encontrar los balances de impuesto a la renta entre 1963 y 1999. A partir de ese año la base parece haber desaparecido. Recientemente, algún acceso fue dado a un grupo de economistas brasileños, del profesor Marcelo Medeiros, de la Universidad de Brasilia, relativo al período de 2006 a 2012.

Las conclusiones preliminares de Medeiros muestran un nivel de desigualdad bien mayor de que aquel medido por las pesquisas domiciliarias. Al tomar como referencia los datos de la Receita (AFIP) entre 2006 y 2012, hubo inclusive un aumento en la concentración de los 10% más ricos, que saltó de 50% para 55% de la renta total.

CC: Cómo ve usted los programas de transferencia de renta en Brasil como la Bolsa Familia?

TP: Miro bastante para la base de la pirámide. Me preocupo mucho en el libro por los 50% más pobres. La Bolsa Familia ha tenido un inmenso éxito, lo que contribuyó a la reducción de la extrema pobreza y el aumento de la renta de los más pobres. La parte de los impuestos tienen peso en mi libro, pero la transferencia también. En el caso brasileño, más importante aún es la política de valorización del salario mínimo. Eso fue muy positivo. Cualesquiera que sean los datos, la disminución de la miseria en Brasil es un hecho, por las políticas introducidas por el PT. Pero aún es posible que los 10% más ricos hayan ampliado su distancia. Puede ser que se tengo al mismo tiempo una disminución de la pobreza y un aumento de la desigualdad. Es un error imaginar que Brasil ya hizo lo suficiente en términos de reducción de la desigualdad.

Brasil paga mucho más en intereses de la deuda de lo que está colocando en la Bolsa Familia. Si usted realmente quiere distribuir riqueza y limitar la acumulación y concentración de capital, es necesario un sistema tributario más progresivo. Para mí, los impuestos progresivos sobre riquezas privadas son una forma civilizada de inflación para los sectores pudientes. La inflación generalmente pune a ciudadanos con poco dinero en sus cuentas bancarias.

 

Traducción AmerSur

 

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